Decepciones amorosas, ¿Cómo afrontarlas?

El inicio de una nueva relación siempre nos hace sentir felices, contentas y saca lo mejor de nuestra personalidad. Lo opuesto ocurre si nuestro gran amor decide terminar con la unión, comenzamos a tener sentimientos de tristeza, resentimientos o soledad que hacen que nuestra autoestima decaiga y hasta llegamos a considerarnos como el ser más insignificante sobre el planeta.

Las mujeres heridas, tendemos a tomar la ruptura como un rechazo personal, a pensar en que parte fallamos y hasta nos sentimos culpables de no haber sido lo suficientemente buenas para adecuarnos a lo que según nosotras, nuestra pareja requería en la relación, sin detenernos a pensar que tal vez el problema no radicaba en lo que hicimos o no para complacer a la persona amada, que simplemente las cosas no se dieron, ambos teníamos prioridades diferentes en la vida o “Ese” no era el hombre adecuado. Al final, no siempre debe existir un culpable.

También nos hacemos daño, cuando enfocamos nuestra idea en algo que no es, por ejemplo, pensamos cosas como: ¿Me extrañará?, ¿Estará sufriendo como yo?, ¿Estará pensando en volver?, ¿Habrá encontrado otra que le de lo que yo no le di? Estos pensamientos nos restan energía y es triste cuando nos damos cuenta que no sirven de nada. Lo mejor es tratar de tomar una actitud positiva y buscar otras cosas que también nos hagan feliz, enfocarnos en esas cosas por un buen tiempo, hasta que nuestro corazoncito haya sanado.

Por otro lado, muchas mujeres decidimos tomar métodos diferentes para superar nuestro proceso de pérdida y optamos por seguir el famoso dicho de: “Un clavo saca otro clavo”, para así llenar el vacío emocional que dejo la otra persona. Este método es errónea si realmente estuviste enamorada, pues aquí es donde te enfrentas a tener sentimientos encontrados entre la persona que aun amas y a la que estas utilizando para sacarte el famoso “clavo”, por tal razón es muy importante que tras un rompimiento amoroso nos demos un tiempo para nosotras mismas, lo cual es totalmente natural, pasar por un proceso de duelo, aceptar la perdida, reflexionar y replantearse una nueva forma de vida sin el ser que ya no estará con nosotras, luego del periodo de duelo, entonces ¡Que pase el siguiente!

En nuestro aun despecho otras mujeres decidimos que deben pagar “justos por pecadores” y decimos: “Todos están cortados con la misma tijera”, “Ningún hombre sirve”, “Todos los hombres son iguales”. Lo que nos hizo un hombre lo generalizamos, cerrándonos en esa idea absurda donde otros pagan los platos rotos que no les corresponden y evitando tal vez conocer a un buen hombre que si podría ser en un futuro el “indicado”.

Existen compañeras realmente radicales que después de una decepción amorosa, deciden bloquear su mente y corazón y no aceptar ningún hombre, prefieren estancarse en: “no hay otro como él”, “nadie me hará sentir lo que él”, “nada volverá a ser igual”, “ya me jubile en cuanto al amor se refiere”. El rendirnos ante la posibilidad de volvernos a enamorar, es un gravísimo error, pues estamos dejando que algo que por una razón en particular paso en nuestra vida, lidere el futuro de la misma y no queremos arriesgarnos para no volver a ser lastimadas, evitando así volver a disfrutar de las mieles del amor. Cada quien tiene su cada cual y como dicen por ahí: “Mientras uno te desprecia, hay varios que te están deseando”.

Afrontemos nuestros fracasos con la frente en alto y volvamos a levantarnos, demostrémosle al mundo que somos mujeres fuertes, decididas y hermosas, que si valemos por lo que somos y quien no lo quiera ver de esa forma, puede seguir su camino y privarse de nuestra grata compañía.

“Levántate amada mía; ven conmigo… 
¡Mira, el invierno se ha ido y han cesado las lluvias! 
Ya brotan las flores en los campos; ¡El tiempo de la canción ha llegado!” 
                                                                                            Cnt. 2, 10-12 

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